“Nicomedes Santa Cruz Gamarra. Rompiendo la invisibilidad literaria y política” – José Campos Dávila

Artículo completo publicado en D’Palenque: literatura y afrodescendencia. Año I, N° 1, 2016

Existen situaciones de vida que no se traslucen en los escritos de los grandes maestros ni son abordados por sus estudiosos. Este es el caso de Don Nicomedes Santa Cruz Gamarra. Su trabajo como funcionario público en el Ministerio de Educación y su acercamiento al Gobierno Revolucionario, conducido por el General Juan Velasco Alvarado, le trajeron estabilidad y, posiblemente, cierto bienestar que su esposa, doña Mercedes Castillo, vio con muy buenos ojos. Ella, como buena ama de casa española que había vivido y sufrido los embates de la II Guerra Mundial y sus consecuencias con la política franquista, intuía situaciones complejas. Por ello, promovió una actitud diferente y participativa en el poeta. El mismo vate nos manifiesta: “lo grave es que al poco tiempo Mercedes me pide que participe en la revolución de Velasco, porque ve que estoy al margen de la misma […] Meche tiene todo un problema de miedos y temores, porque no ha conocido otro mundo que el de Franco y la represión franquista […] y me meto a trabajar con Velasco” (Mariñez, 2000, p. 73).

Los espacios para realizar actividades no folklóricas por los descendientes de africanos habían estado vedados desde 1820-1824, cuando el protomédico Dr. José Manuel Valdés se convierte en el primer diputado y médico afrodescendiente de América Latina. Bajo ese contexto, Nicomedes ejerció funciones en la estructura de la naciente República. No se conoce otro caso de un negro que haya ejercido labores administrativas de alto nivel en la cosa pública.

En este sentido, Nicomedes Santa Cruz abre un espacio que los negros habíamos tenido restringido mental y socialmente, tanto para los blancos y criollos como para nosotros mismos, debido a las mentalidades alienadas que impedían vislumbrar esos espacios laborales de alta dirección. Sin proponérselo, la señora Mercedes impulsó la participación del negro en las estructuras del Estado, ya no como barredor, ascensorista, chofer, guardaespalda, etc., sino como funcionario con la posibilidad de tomar decisiones dentro del Estado peruano.

La participación del “negro decimero” -como mefistofélicamente lo denominaron algunos- en política y en la administración pública permitió también que su hermana Victoria Santa Cruz Gamarra ejerciera, paralelamente, funciones administrativas de alto nivel en el Instituto Nacional de Cultura, dirigido por la Dra. Martha Hildebrant. Ambos hermanos comenzarían a representar la política revolucionaria y cultural de los gobernantes de turno por todo el país y en diversas partes del mundo, más por su calidad profesional, literaria y folklórica que por su condición de funcionarios públicos.

Sus producciones culturales aumentaron y, con ella, vino la crítica despiadada de la aristocracia y la clase media culta, quienes vieron en ellos un peligroso integracionismo. En el consciente e inconsciente de estos grupos que habían dominado el escenario cultural de una manera ortodoxa, donde predominaba todo lo occidental -a pesar de ser minoría- sobre lo andino y africano, no se aceptaba que un negro representase la cultura nacional y, mucho menos, que una mujer negra ejerciese el alto cargo de directora del Conjunto Nacional de Folklore. Muy a su pesar, debían de aceptarlo a regañadientes, porque el poder político del Estado se sustentaba en las Fuerzas Armadas y ellas promovían una aceptación de lo andino– africano como partes integrantes de la Nación…

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