La narrativa afroperuana de José “Cheche” Campos: recuperación de la memoria histórica en ‘Las negras noches del dolor’ – Juan Manuel Olaya Rocha

Artículo completo publicado en D’Palenque: literatura y afrodescendencia. Año I, N° 1, 2016

Considerando al sujeto discursivo, la narrativa afroperuana -en su vertiente escrita- se origina en la segunda mitad del siglo XX. A inicios de la década del 60, Antonio Gálvez Ronceros (Chincha, 1932) publicó su libro de cuentos Los ermitaños (1962). Según Miguel Gutiérrez, este libro significó un doble aporte en la renovación del cuento peruano debido al nuevo tratamiento del mundo campesino y popular, así como a la experimentación en la estructura misma del relato (1988). Sin embargo, es en la segunda mitad de la década del 70 cuando esta corriente adquiere mayor madurez. Basta mencionar obras como Monólogo desde las tinieblas (1975), del mismo Gálvez Ronceros, Tierra de caléndula (1975) y Canto de sirena (1977) de Gregorio Martínez Navarro (Nazca, 1942). En ese sentido, se podría considerar a ambos escritores como los fundadores de una nueva narrativa, cuyo soporte expresivo -el cuento, el relato breve y, en menor medida, la novela- tiene como referente inmediato la cotidianeidad del campesino afroperuano de la costa-sur, así como un considerable predominio de la oralidad y los giros lingüísticos que de esta derivan.

La prolijidad artístico-literaria para representar el universo afroperuano no ha encontrado parangón en los narradores posteriores. Los innumerables estudios que han demandado sus obras -sin duda, las más analizadas por la crítica literaria después de Nicomedes Santa Cruz- los convierten en “clásicos” de la narrativa afroperuana. Además, podríamos afirmar que son los únicos que logran aproximarse al codiciado canon literario peruano, aunque reducidos a una literatura regional o provinciana.

Esto se debe a que crítica y canon han sido determinantes en la evidente descalificación de escritores afroperuanos, ya que responden a estructuras de poder eurocéntricas. Es decir, obedecen a una estética occidental que privilegia la escritura culta de un enunciador occidental(izado). Más aún, este eurocentrismo se complementacon un proyecto “andinocentrista” para reproducir discursos totalizadores que desembocan en una idea de nación unilineal donde no existe espacio para las raíces afro. Lo propio han hecho las historiografías y antologías literarias, quienes invisibilizaron al afrodescendiente como sujeto de discurso; en cambio, lo han hipervisibilizado como objeto discursivo, junto con su respectiva dosis caricaturesca, irónica e hiperbólica, motivados por un preconcepto barbarizante y exótico. Esto se refleja en el desconocimiento de la contribución literaria de numerosos escritores pertenecientes a este grupo. Por estas razones, en el presente artículo, intentaremos acercarnos a la producción literaria del escritor José Campos Dávila (Surquillo, 1949), aunque, principalmente, nos concentraremos en el análisis de su obra Las negras noches del dolor.

Producción literaria de José “Cheche” Campos

Las obras del “Cheche” -como se le conoce-, aunque pertenecen, principalmente, al género narrativo, su primer libro fue el poemario Canto obligado (1982), constituido por nueve poemas en verso libre. En este libro, la voz poética resalta, desde una consciencia negra, temas como la esclavitud y las barreras históricas impuestas, las relaciones afectivas entre amos y esclavas, y la heterogeneidad cultural que hermanó a los “indios, blancos, chinos y negros”. Algunos versos emanan sentimientos de resistencia, fuerza, violencia y dolor, tal vez influenciados por el proceso de descolonización de las naciones africanas aún presente en los intelectuales afrodescendientes de la época. Desde su primer libro, “Cheche” Campos ya esbozaba la reivindicación de la memoria histórica africana que desarrollará en sus obras posteriores. Su segunda publicación fue el “cuento novelado” (a decir de M’bare N’gom) Las negras noches del dolor (1994). A nuestro juicio, esta es la obra más lograda del autor en cuanto a la representación de los afrodescendientes como sujetos históricos con capacidad de agencia, marcada por un predominante matriarcado, y una de las que debiera ser fundamental dentro de la aún incipiente narrativa afroperuana. Pese a ello, su recepción no ha sido la esperada.

¿Qué tienen en común sus dos primeros libros? Fueron modestas publicaciones de organizaciones afroperuanas desligadas del circuito editorial-académico. Canto obligado fue publicado por la Asociación Cultural de la Juventud Negra Peruana (ACEJUNEP) y Las negras noches del dolor emergió desde el Instituto de Investigaciones Afroperuano (INAPE)³. Esta salida necesaria parece ser un rasgo distintivo en el proceso de producción de las obras literarias de autoría afro. Al respecto, la escritora y crítica afro-uruguaya Cristina Rodríguez Cabral sostiene que ha sido importante la labor de las “organizaciones afro desde inicios del siglo XX en lo concerniente a la difusión de las obras de autores negros en su comunidad. Sin embargo, las limitaciones económicas de las organizaciones, la apatía de parte de su comunidad junto a una plataforma social discriminatoria hicieron muy difícil la tarea de difundir y valorar las obras pertenecientes a representantes de las ‘minorías’” (p. 75). Tal vez, esto explique el marcado distanciamiento entre la crítica literaria y los dos libros mencionados.

Sus textos posteriores sí nacen con un sello editorial. El cuento mencionado aparece, años después, junto con otros relatos en el libro Las negras noches del dolor & Para educar hombrecitos (2004), reeditado ocho años después. En el 2007, publicó Manuel Zapata Olivella, Gabriel García Márquez, Jorge Artel Alcázar y otras vainas colombianas. Es un relato testimonial de las intrépidas aventuras del narrador en su búsqueda del amor, de una identidad afrolatinoamericana y, sobre todo, en la búsqueda de sí mismo. El texto le da crédito a la causalidad más que a la casualidad siempre que uno mismo construya su destino. Así, el narrador conoce a Manuel Zapata Olivella, Jorge Artel y García Márquez, y viaja por América y El Caribe con el fin de consolidar un evento continental.

En el 2009, aparece Reconciliándome con la vida, un texto que sondea los límites entre la vida y la muerte, y las circunstancias de crisis que guían la existencia de los seres humanos. Aborda temas como la justicia, la esperanza y los prejuicios raciales. Además, se destaca el carácter romántico de la obra a través la relación interétnica entre Reconcilio y Soledad, en la que es inevitable identificar el juego intertextual con la novela Matalaché de López Albújar. Al año siguiente, en coautoría con José Respaldiza, publicó Letras afroperuanas. Creación e identidad (2010), en el cual recopila una serie de poemas, cuentos y ensayos que reconstruyen la percepción sobre la cultura afroperuana. El aporte fundamental de este libro es el rescate de textos que se encuentran dispersos en libros o revistas, algunos de ellos difíciles de ubicar. Es importante para investigadores o lectores de a pie que quieran conocer más sobre la literatura y cultura afroperuanas…

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One thought on “La narrativa afroperuana de José “Cheche” Campos: recuperación de la memoria histórica en ‘Las negras noches del dolor’ – Juan Manuel Olaya Rocha

  1. En los últimos años, específicamente desde los años 90, no existe una narración afroperuana propiamente dicha ni en temática ni en autores. Nos quedamos con los referentes de Gálvez Ronceros y Gregorio Martínez. Hubo una novela de poca difusión llamada Malambo de Charún-Illescas. Después no hay más. Depende de las nuevas generaciones crear un nuevo discurso sobre la negritud en el Perú, pero ya no necesariamente desde el punto de vista colonial, rural o marginal. Existen modelos en la narrativa actual como Junot Díaz (Rep. Dominicana), Chimamanda Ngozi Adichie (Nigeria) y Colson Whitehead (EEUU) donde el personaje negro cobra notoriedad en un mundo contemporáneo sin dejar de lado su identidad y su historia. Por allí está el camino para crear una nueva literatura que sea representativa y a la vez igualitaria.

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