“Yo sé estudiar”, un cuento de Abelardo Alzamora sobre la experiencia afroperuana en la escuela

                                                                                                  En memoria de “Taba” Céspedes Cornejo

Julio César se presentó puntual esa mañana a su nueva escuela. Se le veía feliz, con una sonrisa de oreja a oreja que le llenaba el rostro. Se paró frente a la puerta del salón de clases —estaba casi lleno de bulliciosos alumnos—, sus grandes ojos negros se movían de un lado a otro auscultando el ambiente, hasta que en el fondo ubicó una carpeta vacía. Resuelto y a grandes zancadas avanzó para sentarse en ella. Al observar al extraño personaje que entraba  raudamente, los niños guardaron silencio. Curiosos y asombrados se miraban entre sí. Instintivamente, regresaban a mirar una y otra vez a aquel niño larguirucho, de cabello prieto, nariz ancha y portador de una bemba impresionante. Para ellos, era un niño raro, un niño diferente.

La sonrisa poco a poco se le fue borrando del rostro. Sentía que las miradas de aquellos niños, convertidas en flechas, lo atravesaban. Bajó la cabeza muy avergonzado y enterró la mirada en el piso. Por primera vez lamentó haber cambiado su escuelita pueblerina, allí donde todos, o la gran mayoría de niños, eran iguales o parecidos. Sobre todo, nadie lo miraba ni lo trataba como bicho raro. En ese momento, las palabras de su padre le retumbaban en la cabeza. “Te voy a seguir dando estudios, porque tú has salido inteligente. No has nacido para la palana. Tú, mi negrito cimarrón, vas a sacar adelante a la familia”. Le repetía siempre.

El ingreso del profesor lo sacó de sus cavilaciones. Saludando efusivamente, el maestro se posicionó en el aula:

—¡Buenos días de Dios, niños!
—¡Buenos días! —contestaron todos en coro.
—¿Alguna novedad? —preguntó el profesor.
Sin responder, todos regresaron a mirar hacia atrás. Y fue en ese instante cuando el profesor se percató de la presencia del cabizbajo y solitario alumno.
—¡Ajá! tenemos un nuevo alumno. Muy bien, ¿Cómo te llamas? —lo interrogó.
—Julio César —respondió con voz temblorosa.
—Tú no eres de acá ¿verdad? Déjame adivinar, debes ser de Chapica, puedes ser de Talandracas y si no de Yapatera ¿De dónde eres?
—Soy de Yapatera, maestro —contestó tímidamente Julio César.
—¡Eres de Yapatera! No hacía falta adivinar. Si allá todos son como tú.
—Sí, maestro.
—Tienes nombre de pelotero y pasta de futbolista.
¿Sabes pegarle a la pelota? Debes jugar bien al fútbol. Contigo podemos campeonar en el interescolar.
—No, maestro. No sé jugar pelota —respondió tímidamente.
-Qué raro —comentó el maestro y continuó.
—Tienes estampa de boxeador. ¿Te gusta el box?
—No, maestro. No sé pelear.
—Bueno, pero eres largo y flaco. Tú debes ser corredor, el atleta que la escuela necesita.
—No, maestro. No me gusta el atletismo.
Un tanto desilusionado, el maestro se llevó la mano al mentón. De pronto, exclamó en forma jubilosa.
—¡Ah! ya sé. Tú sabes bailar música negra: landó, festejo, tondero… Todos ustedes llevan el ritmo en la sangre. Aquí en la escuela necesitamos un bailarín.
Avergonzado y con la cabeza metida entre los hombros, murmuró:
—No sé bailar, maestro.
Decepcionado, el maestro le enrostró.
—Negro y no sabes jugar fútbol, no te gusta el box, no te gusta correr, tampoco sabes bailar. Entonces, ¿qué diablos sabes hacer o para qué sirves?
Julio César levantó la cabeza y, con un tono seguro, contestó fuerte.
—¡Yo sé estudiar, maestro!

Nota:
Octavio “Taba” Julio César no sabía jugar al fútbol; tampoco le entraba al box; al atletismo, menos; el baile, por compromiso; pero sí sabía estudiar. Terminó sus estudios en forma exitosa. Ingresó a la Universidad de Piura y, años más tarde, se graduó de ingeniero agrónomo. Como organizador, fue fundador y activista del Movimiento Nacional Afroperuano Francisco Congo

Abelardo Alzamora Arévalo “Abel” nació en la comunidad Afroperuana de Yapatera, distrito de Chulucanas, provincia de Morropón – Piura. Es educador de profesión y desde muy joven dedica sus esfuerzos en la organización y lucha por el desarrollo de su comunidad, ya sea como integrante del Club Cultural Juventud en Marcha o activista del Movimiento Nacional Francisco Congo Es coautor de la bandera y el escudo de Yapatera. Ha publicado Al pie del cerro puntudo. Relatos Yapateranos (2008) y Cuentan los antiguos. Añoranzas y tradiciones ancestrales (2009). En el año 2013, el Ministerio de Cultura lo reconoció como “Personalidad meritoria de la cultura” por su destacada trayectoria como activista por los derechos del pueblo afroperuano y como difusor de las tradiciones de Yapatera. Actualmente, es dirigente nacional de la CONAFRO-PERU, activista intercultural y presidente de la Casa de la Cultura de Yapatera, donde impulsa la implementación del proyecto cultural de su comunidad para rescatar su herencia cultural.